Despedidas a distancia, pequeño Oso

Despedidas a distancia

3 años desde que empecé a viajar y uno de mis miedos se ha hecho realidad por partida doble en 3 meses.

No hay formas adecuadas para hablar de esto desde la distancia.

Un mensaje, un audio, una llamada… y el qué da el mensaje no sabe como decirlo para no herir.

Y es que sea como sea… la herida, las lagrimas y el corazón como si hubiera dejado de latir están de todas formas.

Lo primero que piensas es, “ya voy”.

Y entonces la realidad se apodera de tu cerebro y te da una hostia mientras te dice que los humanos creamos miles de gilipolleces pero la tele transportación aún no.

No puedes recorrer 3000 kilómetros en mitad del trabajo, loca.

Siento no a verme podido despedir Oso, supongo que esto es mi forma de hacerlo… nunca he entendido a la gente que escribe a alguien que ya no está (mucho menos si es un animal)… pero aquí estoy; parece que es la única forma de expresarme y me lo pide el cuerpo.

Me han dicho que fue rápido y a pesar de ser un día de mucho calor, estoy segura de que el baño fresquito que te dieron te alegró la tarde.

Espero que les dieras un buen remojo tu también, tu forma de dar las gracias por el baño siempre era con unas cuantas sacudidas…

Gracias a ti, la Abu empezó a cogerle cariño de nuevo a los perros, ¿lo sabes? Seguro que si… Si no, no te hubieras sentado siempre a la primera que te lo decía… ¿o era por la chuche que te daba después?

Y es que cualquiera que te conocía se quedaba enamoradx de ti. De tus babas no, claro… de eso ya nos encargábamos los de la casa… y a ratos tampoco, no te creas. Porque tenías un tino para que cayeran a veces…

Que se lo digan a Raquel, tu ex-veterinaria.

Selena dice que eras muy familiar… Déjame que añada que tenías un don con pasar de la gente que te caía mal… y lo hacías notar.

No se me va a olvidar nunca como después de que dijera que no le gustaras (en pocas palabras) y que además no le gustaban los perros grandes porque tenían muchas babas te sacudiste y una baba le calló en la cara. 🙂

 

No dejo de pensar en anécdotas contigo Murcielaguito.

Y es que se me hace muy raro pensar que cuando llegue a casa en unos meses tu no vas a estar para demostrarme tu pasotismo tan típico cuando te grito que he llegado y estoy deseando darte un achuchón y hundir mis manos en tu pelo negro.

Vaya cara de vicioso se te ponía cuando te rascábamos el cuello, ¿eh?

Y las horas que he pasado cepillándote y cortándote el pelo para que mama luego me reprochara lo feas que te había dejado las patas.

Ja! Yo se que te daba igual… Estabas fresquito y sin nudos, que era lo que me/nos importaba.

¿Te llegaría mi beso, mi achuchón y el querer tumbarme en el suelo contigo, trufa con nariz…como tantas otras veces mientras soplabas como diciendo… “Ya está la pesada otra vez aquí”? Quiero pensar que si.

Quiero pensar que si pasé por tu cabeza un minisegundo supieras que hubiera deseado con todas mis ganas estar allí mientras todo pasaba.

Has sido muy querido.

Con la guerra que has dado… como para no quererte.

Desde que leí La Odisea decía que, como Argos… todxs me esperaríais.

Que egoista sería, ¿verdad?

Siento a ver pensado que podrías esperarme.

Siento a ver pensado que mama exageraba cuando un día antes de que todo pasara me decía que estabas empeorando muy rápido. Lo siento Ma.

Creo que lo peor estoy llevando es lo que habrás estado sufriendo y, que como siempre… lo llevabas en silencio.

Recuerdo que solo se te notaba en la mirada cuando tropezabas o algún día que había que ayudarte a levantarte por tener las piernas de atrás dormidas… Como un viejecito al que hay que ayudarle y mira con vergüenza. Lo siento amor.

Me hubiera gustado estar allí. Contigo. Con las 3 personitas con las que compartía tu amor, tus horarios de pastillas y de paseos.

Apoyarme en el hombro Selena en el viaje en coche.

Respondías a todos tus motes, menos cuando te pedíamos un beso… Y es que tenías un poco de mi pasotismo, pero sobre todo… el patosismo de Selena.

Siento no poder estar con vosotros. Esta vez no puedo coger un avión. La vida del adulto es un asco a veces.

El miedo que le dabas a la gente por el tamaño y por tu color negro… Todo lo que a mi me gustaba.

Hacía más llamativa tu mirada. Cuando mirabas de reojo porque ya estabas pidiéndo el paseo, tu pan de medianoche o porque sabías que hablábamos de ti.

Ya nadie me va a quitar el rincón de la mesa para comer cuando vuelva a casa, teniendo que saltarte… no te pisaremos por accidente cuando te tumbabas a oscuras en el pasillo o en la puerta de nuestra habitaciones… si lo hacías para asustarnos a veces lo conseguías aunque tu ni te inmutaras…

¿Y tu forma de reclamar mimos apoyando tu cabeza en las piernas mientras veíamos la tele? O en el desayuno para ver si algo caía…aunque eso era más con Selena, sabías a quien elegir 😉

Dicen en casa que solo Shiba ha estado rara… seguramente que todxs han notado que no estás… ¿Cómo no hacerlo?

Las nenas sobretodo porque ya nadie las perseguirá cuando te ponías tontorrón, como hacías conmigo… (Hubieras sido un viejo verde, por cierto).

A demás Kyria ya no podrá lamer a su “pequeño” bebé después del paseo.

Y el pequeño Furby ya no tendrá una alfombra viviente para tumbarse los días de frio.

Las despedidas no son lo mío… y a distancia parece que no son reales pero esa punzada me dice que es real.

Parecías un osezno cuando llegaste y nos enamoraste con tu mirada nada más pasar por la puerta de casa, beberte el agua de los perros y tumbarte… como si supieras que esa sería tu casa a partir de ese momento y estuvieras cómodo…

Y desde entonces el suelo te a pertenecido. Creo que conocías cada rincón de la casa, cada baldosa fresquita y los puntos estratégicos que te hacían poder controlar todo… y abrir las puertas de un cabezazo, dejando claro que en casa nada se te podía esconder…

Tu forma de respirar, de escarbar el suelo cuando buscabas sitios más fresquitos, tus soplidos cuando te aburrías y querías llamar la atención…tus ronquidos. Tu forma de parar la respiración porque habías oído un “¿vamos?” en un susurro o a alguien pasar por la puerta de casa.

Ya no nos impedirás salir de casa, con tu forma tan sutil de tumbarte en la puerta… eras un capullo.

Te quiero Oso Mohoso.

Las despedidas son momentos en los que te planteas si el deseo por viajar, aventuras y ser libre merece la pena.

No hay una respuesta 100% válida para esto.

Lo importante es que te quiero y que voy a extrañar cada parte de ti, incluidas con las que me metía tanto….

Espero que lo supieras.

 

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Una respuesta a Despedidas a distancia, pequeño Oso

  1. Selena dijo:

    Raquel se lo merecía, que se joda.
    Llevas razón con lo del suelo, era su reino, para eso era un alfombra gigante, un sofá con patas jajajaja

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