Ser padres de un viajero no es fácil

Hola gentecilla…

Creo que os he hablado poco de mis padres y hoy…hoy toca
Así que empezamos con esta canción, porque mi madre siempre que la escucha se acuerda de los días en la que la escuchaba a todas horas…

Mi padre, trabajando toda su vida, desde los 11 hasta ahora, con sus 40 y tantos (y los que le quedan). Trabajó en la huerta de su tío y después, unos años después compaginó el trabajo de albañil con el de camarero (albañil de lunes a viernes y camarero los fines de semana)para mantener a su nueva familia hasta que con la crisis se acabaron las obras y tuvo la suerte de poder seguir trabajando como camarero a jornada completa…tan solo tuvo unos meses de paro….y parecía el infierno para él. Toda la vida trabajando, sin la palabra vacaciones en su vida…y de golpe, nada que hacer; sin estar acostumbrado a estar en casa, le tocó forzosamente…Gracias a Zeus encontró algo pronto…por suerte para él y por suerte para nosotras, que nos estaba volviendo locas!!
Y es que aunque algún político haya dicho que son vacaciones pagadas…no lo son ni de lejos.

Mi madre empezó en el campo a los 8 años, con sus padre en los trabajos de temporada. “en lo que salía” con sus hermanas. Vendimias, cebollas, ajos, remolacha, aceituna… todo esto mientras iba al cole también, hasta sacarse el graduado escolar, hasta octavo.
Aunque quería seguir estudiando tuvo que salirse y empezar a trabajar como costurera, que igualmente tuvo que dejar al tener a mi hermana cuando era muy jovencita. Y con esto, empezó a hacer cursos y estudiar en una segunda opción que le gustaba mientras estaba en casa, para trabajar unos años después (yo ya estaba por el mundo) en centros psiquiátricos, hospitales…aunque ella no ha tenido la suerte de tener trabajo fijo, siempre ha estado temporadas o haciendo sustituciones.

Y, a pesar de estar trabajando todas sus vidas…sus hijas ya son adultas y aunque estaría genial que ellos pudieran empezar a disfrutar ahora, ya que de jóvenes tuvieron que mantener una familia y no pudieron disfrutar su juventud como cualquier adolescente, ahora tampoco pueden porque tienen que seguir haciéndolo.
Pero bueno…hoy no vengo a hablar de como  jefes se aprovechan de trabajadores…o como los propios trabajadores se acostumbran a no saber “vivir” de otra forma que no sea trabajar.

Hoy vengo a hablaros de como mis padres dejaron atrás toda su juventud para formar una familia hace 27 años.
Cómo mis padres dejaron rápidamente de lado ser 2, para ser 3…y  cinco años más tarde, 4. (mejor no cuento a los animales que forman parte de nuestra vida y los cuales también han cambiado nuestra vida)
Cómo dejaron de pensar en ellos 2…para pensar en otras 2 personitas.
Si…digo dejaron y no complementaron, porque creo que eso es lo que hicieron, se volcaron completamente en nostras, tanto…que bajo mi punto de vista, se hicieron dependientes de nosotras.
No les culpo…y no les critico, sus razones tendrían.  A saber como hubiera reaccionado yo! o vosotr@s!!

Pero bueno…¿Dónde quiero llegar?
A mi forma de ser.
A mis viajes.
A mis planes futuros.
A sus miedos.

Y es que no es fácil ser hij@.
Pero tampoco lo tiene que ser ser padre o madre.
Porque ell@s son hijos también, ell@s han vivido nuestras etapas…han vivido todo lo que estamos viviendo nosotr@s…pero bajo su cuerpo; nunca podrá ser igual. Con sus pros y sus contras.
Los pros y los contras son los que nos afectarán a nosotros.
Los que nos afectarán de manera saludable si nuestros viejitos saben llevarlo de manera saludable.
No tenemos porque caer en sus mismos errores. Quizás caemos en los mismos o quizás caemos en peores….o quizás en ninguno (raro rarisimo) pero lo importante es que son NUESTROS errores, de los que aprenderemos sin sabemos llevarlos bien, de los que sacaremos aprendizajes positivos con ayuda, con ánimos. (no es necesario, pero nunca vienen mal).
Que ell@s no están para solucionarlos, no están para sufrir las consecuencias.
Ell@s solo pueden ayudarnos, aconsejarnos, apoyarnos…
Y todo esto, claro… en función de como sean los padres y en función de como sean sus hij@s. Yo a los míos solo les pido…
Papá, mamá: dejad que me equivoque.

Estoy intentando reeducar la dependencia y el miedo de los míos.
Les da miedo que me pase algo en una de mis muchas decisiones…y no piensan que a mi lo que me da miedo es no tomarlas, no vivir como creo que tengo que hacerlo.
Y a la vez, me da miedo ver que a ellos les da miedo, ver que sufren con mis decisiones pero…ellos vivieron y decidieron guiar sus vidas como quisieron, ¿qué hay de malo en que los hijos intentemos lo mismo?
Se que no los reeducaré tanto como quiero pero la vida es demasiado corta como para quedarse con las ganas de vivir.

Y aún queriéndolos reeducar en algunos temas, se que no es fácil.
La personalidad de una persona hace un mundo, pero la educación hace un universo…
Y yo tengo que estar feliz por mi rara (y a veces extraña) personalidad… pero también tengo que agradecer a mis padres y hermana su… a veces libertad para poder crearme a mi misma. No podría estar más orgullosa.
Quizás ell@s no lo están tanto…han creado una oveja multicolor con ansias de libertad y por el momento con ganas y más ganas de viajar… y se que ellos no están felices de verme salir por la puerta, de verme por la pantalla del ordenador, de las distancias
Y es que…como bien dice acróbata del camino

“Detrás de cada viajero, lo que hay es una madre preocupada.” 

Así comienza a escribir Pablo en su página una entrada dedicada a su madre y que cuando lo leí…supe que tenía que demostrarles a mis padres que les entiendo, que entiendo su miedo…pero tengo que hacer mi camino…y desde luego, con su apoyo será un camino mucho más seguro.

Os dejo parte de su entrada, parte que creo encaja a la perfección en esta entrada, aunque yo no solo hablo de mi madre. Mi padre también lleva su mochila llena de preocupaciones… eso de que los hombres no sufren se lo dejo a las películas de ficción. Pero no os preocupéis, aquí la tenéis entera 😉
Es muy famoso el dicho “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”.  Lo que nadie dice es que detrás de cada viajero, lo que hay es una madre preocupada.  Por más que nos esforcemos en disimular o cambiar de tema, lo cierto es que donde nosotros vemos mapas, fronteras y adrenalina, ellas ven microbios, bandidos y pirañas. El día que le dije a mi vieja que estaba en Finlandia muy feliz y que por las noches los renos se acercaban a merodear mi carpa, abrió la enciclopedia para asegurarse de que los renos no comieran mochileros  o, por lo menos, que no fueran carnívoros. Curiosamente, cuando entré en Irak, su preocupación fue de una liviandad cosmética, y apenas me preguntó, con dulzona inquisición, si me había puesto todas las vacunas. 

El día que me mordió un perro en India –de esos sarnosos que parecen sobrellevar en vida la ultratumba- ni le avisé. ¿Para qué? Si ella ya soñaba por las noches que me enfrentaba con cánidos de espumosa dentadura y, de todas maneras, tenía todo un panteón de 33 millones de dioses a los que ponerme a rezar, siguiendo las sugerencias de la doctora que me atendió en un hospital privado de la capital india. Si ella hubiera visto el aspecto de esos dioses, creo que le hubieran dado más miedo que los mismísimos fosos con cocodrilos, langostas o terroristas que en su mente me acechaban.  Y claro, un Ganesh con cabeza de elefante es algo muy distinto al crucifijo al que ella siempre implora mi resguardo.(…) Porque, en los sueños de mi mamá, yo siempre tengo 5 años y el mar siempre está picado.
Los miedos son comunes, como también lo es el instinto materno. Lo que no es pasto es la fortaleza que tiene que cultivar una madre para poder dejar a volar a un hijo por sus propios cielos. La misma persona que nos enseñó a caminar se enfrenta, en algún momento, ante el desafío de dejar que usemos esa habilidad motriz para alejarnos. Algunas madres nunca lo superan: lo aceptan a regañadientes. Otras utilizan diversas versiones del chantaje emocional o la versión onda Naciones Unidas (si te vas te cortamos los víveres, la línea crediticia, etc) para retener al inquieto retoño. Recibo muchos mails, tanto de hijos que luchan contras sus madres en pánico y de madres en pánico que buscan entender a sus hijos que arman la mochila.
– ¿Qué va a ser de su futuro? ¿Qué va a hacer cuando vuelva?
– Señora, nadie dijo que vaya a volver.
Otros tienen más suerte. Hace poco recibí un mail largo, en el que un viajero, entre otras cosas, narraba el episodio de la despedida con su familia:
“Estaba en Plaza Miserere cuando abrí mi mochila de ataque y tenía un paquete con una carta. La vieja no se había animado a dármelo en persona porque sabía que íbamos a llorar. Así que me encontré con una carta que hablaba de las alas y las raíces que los padres intentan dar a sus hijos. Y adjunto estaba su libro “Vagabundeando en el Eje del Mal” con una advertencia de mi mamucha: tal vez me arrepienta de darte esto, porque seguro te va a dar cuerda para seguir vagabundeando por ahí.”
  
Yo soy de los que se considera afortunado. Más allá de los miedos de madre, mi vieja nunca intentó hacer nada para impedir mi libertad. Por el contrario, sin darse cuenta la fomentó, dejando demasiado a mano los Atlas  o los álbumes de fotos de cuando ella y mi viejo vivieron un año en Boston, en 1960.  Aquella vez que me contó que mi abuela siciliana, a quien no conocí, solía decir “Tutto il mondo é casa nostra” no hizo más que animarme a pensar en un mundo sin fronteras y con puertas que, en vez de cerrarse, daban la bienvenida.
(…)
Sin más vueltas, quería compartir con ustedes esta poesía, que escribió mi vieja hace pocos días. Creo que refleja muy íntimamente lo que toda madre de un viajero siente por ese hijo que decide salir a los caminos.

Tu pequeña huella

Tu pequeña huella
Entraba holgada en el hueco de mi mano,
tus ojos miraban deslumbrados
el mundo que te recibía.
Tu pequeña huella… mi niño vagabundo
Por un tiempo exploró junto a la mía,
pero buscabas
tal vez
algo más: 
el horizonte, acrobacias escondidas
en la dinámica sin fin del universo.
Un día mi huella retrasó su marcha,
Perdida en un recodo del camino
Pero siguió la tuya agigantada
Por la ilusión irrefrenable de tus sueños.
Que perseguirán a tu sombra en el desierto,
Y harán imborrable tu marcha sobre el hielo.
Se alejó tu paso de mi paso,
Y aunque tiembla mi alma día a día
Soy feliz,
Cuando al afianzar tu identidad
Encuentras tu identidad y tu destino.
Te atrajo siempre mirar con nuevos ojos.
Hiciste tuyo el pesar de otras personas
Olvidadas bajo el ondear de sus banderas
¡Adelante viajero de la vida
Sigue el rumbo del sol y de los pájaros!
Tu madre te espera en el regreso
Para estrecharte con un abrazo y con un beso.
                
                           Beatriz Catania, enero de 2014

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